La isla del Portitxol y su entorno próximo conforman un paraíso tropical en tierras mediterráneas; basta visitar la zona una vez para querer regresar

Alicante no solo representa el sol, la playa y la buena comida: es un lugar lleno de tesoros, unos más a la vista que otros pero todos de inmenso valor. Hace unas semanas os hablamos de las piscifactorías que se encuentran en el yacimiento romano de Calpe, y hoy nos desplazamos unos cuantos kilómetros al norte para descubriros una nueva maravilla: la isla del Portitxol.

Esta minúscula superficie terrestre, de ocho hectáreas, es vecina de Jávea. Se encuentra a solo 700 metros de la playa, unida a la costa por un istmo submarino de tres metros de profundidad. La Generalitat Valenciana la denominó Bien de Interés Cultural a finales de 2016, junto con los restos antes mencionados.

La isleta destaca, en primer lugar, por los restos arqueológicas allí descubiertas. Los expertos localizaron cerámica de la Edad de Bronce, así como piezas fenicias y muchas de origen romano. También se localizaron en las proximidades algunos materiales sumergidos que confirman su uso portuario, y dando sentido a la torre vigía de defensa que se alza en su cima. De esta manera, queda justificado el nombre de “Portitxol” (del latín porticeolu, puerto pequeño). Otro descubrimiento que delata su naturaleza de asentamiento humano es la presencia de tumbas antiguas.

Por otra parte, y en cuanto a su encanto natural, cabe destacar que las aguas que la rodean son cristalinas y agradables. Se trata de una zona ideal para realizar actividades acuáticas como submarinismo. La especie con mayor presencia en esta zona es la barracuda, así que es frecuente ver grandes bancos moviéndose por el Portitxol.

En los alrededores ya hay quienes han descubierto el potencial turístico de este encantador lugar y podemos encontrar todo tipo de actividades enfocadas a disfrutar del paisaje. En Cala Barraca encontramos un puesto de alquiler de kayaks, así como el famoso beach club Cala Clémence.

Cala Clémence no solo ofrece unas vistas irrepetibles del Portitxol y el pueblo cercano, al estilo sencillo de los pescadores; sino que ofrece lo mejor de la gastronomía local y está preparado para acoger banquetes de boda. Abre hasta la madrugada, por lo que es posible quedarse a disfrutar de la brisa marina con un cóctel y buena música.

 

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